Eduardo Martínez Pineda

Hablar de don Eduardo Martínez  Pineda en Bugalagrande es hablar de cultura, cooperativismo, don de gentes, entrega incondicional a obras sociales. También es hablar de ejemplo de sincera amistad, de esposo, padre y abuelo ejemplar.

En el paso por la vida, todos dejaremos huella  y seremos recordados por lo que hicimos. No nos equivocaremos al decir que don Eduardo Martínez Pineda dejará una indeleble huella en Bugalagrande por todo lo bueno que hizo en nuestro pueblo.

Por todo lo que es y ha sido don Eduardo, quienes dirigimos esta página lo hemos elegido para hacer parte de la sección Nuestra Gente.

 

El maestro en Bellas Artes y magíster en Comunicación Adolfo Albán, amigo personal de don Eduardo, quiso hacerle esta entrevista a nuestro personaje que con gusto presentamos a ustedes.


LUIS EDUARDO MARTINEZ P. CASA DE LA CULTURA 1982
LUIS EDUARDO MARTINEZ P. CASA DE LA CULTURA 1982

Cuéntenos un poco hasta donde sea posible de su vida familiar, como esta conformada su familia y como ha sido la vida suya en familia.

La verdad es que ha sido una familia muy unida, levanté a mis hijos siempre pensando que fueran unas personas útiles para la sociedad, todos los centavitos que conseguí fue para darles educación, agradeciendo claro a la empresa que siempre nos ayudó con los convenios colectivos en educación para los hijos de los trabajadores, sin ese apoyo yo creo que difícilmente mis hijos hubieran podido hacer sus estudios, lógicamente yo tenia que poner de mis ahorros porque no todo lo cubría el auxilio de educación convencional, la gran satisfacción que me queda es que logré sacar tres profesionales y todos salieron adelante en las actividades a las que se dedicaron en la sociedad y a ser personas útiles participando en buenas obras.

 

Junto a doña Luquina cuantos hijos e hijas fueron.

Con mi recordada esposa tuvimos un matrimonio que duró sesenta y dos años hasta su muerte, tuvimos seis hijos tres varones y tres mujeres, los varones son: Efraín, Augusto León y Luis Eduardo, las mujeres son: Emperatriz, Blanca Victoria y Marta, todas personas útiles para la sociedad y siempre de un comportamiento que yo creo que no deja nada que desear.

 

Su esposa fue un ser muy importante en su existencia.

Si, enormemente, a ella le debo mucho de lo que fue mi hogar, ella también contribuyó mucho en esa labor de formación de familia y de ayudar a colocar los hijos en el sitio donde están hoy; ella fue una “berraquita” luchando al lado mio, era una mujer echada para adelante, pasábamos situaciones difíciles y nunca la vi apesadumbrada ni acongojada, ella estaba siempre pensando en que íbamos a salir adelante.

 

A esta parte ¿cuantos nietos tiene?

 En estos momentos son en total catorce y también tengo un bisnieto. Los nietos son: Francisco, Andrea, Erika Juliana, Marta Isabel, Natalia, Paola Andrea, Alessandra, Lina Marcela, Melissa Stefany, Rosa María, Laura Juliana, Héctor Eduardo, Diana Vanessa y María del Mar; el bisnieto se llama Juan Pablo,

 

¿Que se siente tener esa cantidad de nietos y un bisnieto?

Una inmensa satisfacción, a todos les he dado mi afecto, esos nietos me han querido enormemente como yo los he querido, la niña que esta en España por ejemplo es muy querida para mi y a todos, los quiero por igual incluyendo a mi bisnieto; también sé establecer las diferencias entre mis seis hijos, yo sé que son seis caracteres diferentes pero a cada uno yo lo entiendo como es porque vuelvo y le repito que a pesar de ser una familia muy unida, siempre seguirán siendo seis caracteres diferentes   

Quisiéramos que les cuente a los visitantes de la página por sus orígenes, su infancia, háblenos de esto.

Yo nací en un pequeño pueblito aquí en el Valle a diez kilómetros de Riofrio que se llama Huasanó el 22 de Diciembre de 1928, mi infancia transcurrió al lado de mi abuela, ella me crió y con ella estuve hasta los ocho años porque en esa época lo ponían a uno tardecito a la escuela porque dizque uno empezaba a tener uso de razón a los siete años, hice mis primeros años escolares en la escuelita de Huasanó con don Pantaleón De la Torre; fueron unos años hermosos para mi, pues tenia todo el consentimiento de mi abuela que me prodigó mucho amor y cariño; tengo que anotar que mi papá y mi mamá Vivian en Huasanó pero a mi desde pequeño me dejaron con mi abuela. A los ocho años mi papá ya decidió llevarme para la casa porque ya empezaba a estudiar y él decía que yo ya debía ir “sintiendo la mano del hombre”; me dolió bastante la separación de mi abuela, recuerdo que ella me había enseñado las primeras letras en una tabla con una tiza, de modo que cuando entré a la escuela yo ya tenia idea de las letras, el abecedario, por lo que mi abuela me había enseñado, también las oraciones mas comunes de esa época. Esa permanencia con mi papá solo duró mas o menos dos años o dos años y medio porque mi mamá murió en 1939 como consecuencia de un parto mal atendido, eso hace que yo regrese con mi abuela pero ella ya no vivía en Huasanó, vivía con mi tío Rafael que era hermano de mi tía Amalia Pineda la viuda de don Pedro Sanclemente en La Bolsa una hacienda que queda al frente de Hato Viejo, ahí estuve con ellos y eso fue como un paraíso para mi y estuve con ellos hasta 1943. En esos años que estuve con mi tío Rafael en La Bolsa, recuerdo que los días Lunes era la salida para Tuluá, los Domingos y Jueves para Campoalegre, eran tres salidas a la semana a caballo y un poco largos los recorridos pues las dos poblaciones quedaban retiradas de la finca donde estábamos; esos fueron unos años muy bonitos y hoy día digo que ese fue mi Edén por todo lo que allí viví. Posteriormente me fui con mi papá para Buga donde terminé mis estudios de primaria que es todo lo que tengo en estudios, en Buga empecé a trabajar, recuerdo que empecé en dos graneros que mi papá me buscó esos trabajos. Por allá en el año 1946 conocí a Luquina, sucede que la mamá de ella le llevaba a mi papá unas arepas para la venta y una cafetera con tinto y ellas tenían que andar con todo eso, ahí nos conocimos. Otra cosa que favoreció esa relación es que mi papá a la única casa que nos dejaba ir era a la de ellas, no íbamos a ninguna otra casa sino allá y fue allí donde se inició el romance con quien después fuera mi esposa.

 

¿Cómo llega usted a Bugalagrande?

 

En Buga viví hasta 1958, para esa fecha yo trabajaba en un granero y veía que ese negocio iba de para atrás y me dije: “esto se va a quebrar” entonces traté de buscar de qué agarrarme, yo tenia unos centavitos que me había dejado de herencia mi mamá que para ese tiempo era muy buena plata, con eso puse un negocio de tienda en Cali a donde me había ido ya, pues mi hermano Desiderio que vivía allá me había hecho la gestión del negocio en el barrio Las Delicias recuerdo mucho. El primer año nos fue bien pero después empezó a decaer y yo me dije: “hay que soltar esto porque si me quedo aquí me lo como” y empezando el año 1961 lo vendí. Entonces me vine para Tuluá donde un hermano de Luquina, llamado Ariosto Jiménez que su señora era Carmen Zapata, ellos tenían un negocio de bar muy acreditado, en esa época solo había dos negocios de esta clase en Tuluá por lo tanto les iba muy bien; la venida inicialmente donde ellos fue casual pues nos habían invitado a la primera comunión de sus hijos mayores, recuerdo que eso fue para navidad y yo les empecé a ayudar en el negocio, a Carmen le gustó mucho porque yo les llevaba muy bien las cuentas y ella me dijo “por qué no se queda aquí mientras tanto” y ese mientras tanto fueron casi dos años. Estando yo en Tuluá me acordé de un compadre que tenia aquí en Bugalagrande que trabajaba con mi hermano Sigifredo aquí en Cicolac, mi compadre era Agustín Domínguez y me dije: “quien quita que con él consiga trabajo yo en Cicolac”; lo visité y me recibieron muy bien con doña Marta su esposa y le conté mi situación en que me encontraba sin un trabajo fijo, ya a esa altura Luquina y yo teníamos cinco hijos, sin casa propia ni nada, la ventaja fue que di con una mujer muy berraca como lo fue  Luquina que siempre ayudaba a rebuscarnos la vida. Bueno, le conté toda mi triste historia a mi compadre Agustín y me volví para Tuluá. A mediados de Febrero de 1962 yo iba caminando para mi casa en el barrio Morales de Tuluá cuando noté que iba un jeep detrás de mí siguiéndome, entonces yo paré y era mi compadre Agustín quien me dijo: “compadre, está listo el trabajo en Cicolac, vaya mañana a mi casa para que vamos a hablar con el doctor Perea” (jefe de personal de Cicolac), al otro día madrugué, hablamos con el doctor Perea, llené la hoja de vida y pasé a engrosar la nómina de la empresa; “vaya reclame la dotación de ropa”, me dijo el doctor Perea, en ese tiempo era así, sin tantas vueltas, lógicamente cumpliendo los requisitos de rigor; entré a trabajar como herramientero de taller mecánico o sea yo era el encargado de entregar herramientas al personal del taller que la necesitara; ¿se imagina usted cuando alguien iba a solicitarme una broca de 3/16” por ejemplo o un machuelo de ¾” si yo nunca en mi vida había manejado esa clase de herramientas?, yo en un principio quedaba en las nubes como se dice. ¿Sabe quien me dio la iniciación y me colaboró mucho al principio? El finado Lucio Llanos, él trabajaba en el almacén y como conocía bastante de esto, fue él quien me ayudó bastante en mis comienzos, yo también tenia que llenar las planillas diariamente del personal del taller, tenia que ir todos los días al tarjetero, recoger las tarjetas para apuntar el tiempo de cada uno de los del taller y repartir el tiempo en unas grandes planillas donde estaban las secciones de la fábrica, cada trabajador apuntaba en un cuaderno en cuales secciones había trabajado y yo tenia que descargar todo eso todos los santos días, o sea que yo era herramientero y planillador al mismo tiempo del personal del taller de Cicolac que en esa época abarcaba mecánicos, electricistas, soldadores, personal de sala de máquinas y calderas e igualmente el personal de jardinería, o sea que bastante trabajito había para mi puesto. En ese tiempo el jefe del taller era un suizo bastante fregado que era el señor Oskar Kaegui quien tuvo fama por lo estricto y algo fregado como le dije, yo con don Oskar nunca tuve ningún problema.

Cicolac 1950. tomado de Archivo Biblioteca departamental  Jorge Garcés Borrero. Valle del Cauca
Cicolac 1950. tomado de Archivo Biblioteca departamental Jorge Garcés Borrero. Valle del Cauca

Don Eduardo, ¿cuantos años trabajó en Cicolac y que cargos desempeñó en todo ese tiempo?

Yo alcancé a trabajar 27 años, me retiré a los 59 años, es decir me faltaba uno para completar la edad requerida para la época pues en ese tiempo estaban dando un dinero para el que se quisiera retirar y yo pensando en la educación de los muchachos pues aproveché la oportunidad y después de hacer mis cuentas vi que me convenía y arreglé, en ese tiempo me dieron 5 millones de pesos que era un poco de plata. Primero entré como herramientero y planillador en el taller mecánico como le dije; luego llegó el señor Claudio Tanner como Jefe Técnico, cargo que como tal no existía en la fábrica, él venía con unas ideas nuevas y entre ellas estaba la de implementar el mantenimiento preventivo de los equipos ya que eso no lo había, por lo tanto había que hacer un historial completo a todos y cada uno de todos los equipos que hubieran en la fábrica, era un trabajo que consistía en ubicar cada equipo, identificarlo con su respectivo nombre técnico, clasificar cada uno de los repuesto de ese equipo con sus correspondientes característica; yo tenía que conseguir todos esos datos y luego pasarlos en máquina de escribir a unos formatos; pero como le parece a usted que yo no sabía escribir en máquina y le dije al jefe: “señor Tanner es que yo no se escribir en máquina” y me contestó: “pues aprendés como aprendí yo”, eso fue así y ahí chuzografiando aprendí. Después de un tiempo logré terminar todo ese trabajo, bastante dispendioso por cierto y de mucho cuidado; ya con este trabajo terminado quedé como encargado de la programación de mantenimiento preventivo de Cicolac  (recordemos que en esa época Cicolac e Inpa eran eran dos empresas casi que independientes). A raíz de esto  le dije al señor Tanner que yo aspiraba que se me hiciera un mejoramiento en mi salario, inmediatamente me dijo: “trae algo en que escribir y un lápiz” y  me dictó una carta para que yo se la dirigiera a él mismo pidiéndole aumento, la pasé a máquina, me la firmó y se la llevé al gerente, efectivamente me hicieron un aumento; es que en ese tiempo los jefes tenían autonomía para hacer aumentos a quien quisieran sin problemas; de ahí en adelante también quedé como secretario del Jefe de Servicios Técnicos hasta que salí pensionado.

 

Pasando a otros aspectos de su vida, ya siendo empleado de la fábrica quiero que nos hable del Cooperativismo, usted inicia con la Cooperativa Obrera, luego Cocicoinpa, cuéntenos esa historia.

Yo siempre aspiraba a ir hacia adelante. Entré al Sindicato y al poco tiempo hacía parte de la junta directiva; la C.T.C. había programado un curso de sindicalismo en Bogotá y me escogieron a mi para asistir, eso fue por ahí en 1964 o 1965, primera vez que yo iba a montar en avión; si el aeropuerto de Cali me asombró por lo grande, el de Bogotá si que fue cierto, todo esto me asombró y en Bogotá me llamó mucho la atención el clima frio. En este curso daban unas clases de cooperativismo ya que era una de las materias, a mi me gustó eso del cooperativismo y me di cuenta de todo lo que hizo este movimiento en Europa y esa idea del Cooperativismo se me fue metiendo en mi mente a raíz de dicho curso. Al llegar de nuevo a la fábrica empecé a hablarles a algunos compañeros de esto, recuerdo que de Inpa también había ido otro compañero y empezamos a inculcar esto en ambas fábricas, así fue como se formó un grupo inicial de 39 trabajadores entre Cicolac e Inpa para la creación de la Cooperativa, es por eso que el primer nombre fue Cocicoinpa que es la unión de las palabras Cooperativa-Cicolac-Inpa. Es bueno acotar aquí que el párroco de Bugalagrande en ese tiempo el padre William Paullusen, proveniente de Europa también venía con esa idea de fundar una cooperativa aquí en el pueblo pero la de él era de consumo, la nuestra era de ahorro y crédito; el padre Paullusen abrió un local de la casa cural y allí empezó a funcionar la cooperativa fundada por él, recuerdo que uno de los que ayudó mucho al padre fue el finado Constaín Herrera; eso iba muy bien hasta que el padre tuvo que hacer un viaje a Europa y dejó un encargado de la cooperativa quien no dio resultado, viniéndose a menos y tristemente se tuvo que disolver, solo duró como dos o tres años únicamente. Eso que hizo el padre William Paullusen fue el primer intento que hubo en Bugalagrande de crear una cooperativa porque fue antes de la nuestra.

 

Recuérdenos ahora su paso en Cocicoinpa.

Como le parece que inicialmente yo no pude ser asociado de la cooperativa porque no tuve plata para ahorrar, la platica que me ganaba se me iba en los gastos de la casa pues los hijos se encontraban estudiando y eso demandaba mucho gasto, por eso y con mucho pesar yo no pude ser socio fundador de la cooperativa; al poco tiempo sí me vinculé y como ya me conocían yo caí muy bien en el medio no lo puedo negar, yo tuve una gran acogida y desde allí empezó mi trajinar con el movimiento cooperativo al que mucho me entregué con amor y dedicación.

 

¿Qué cargos ocupó en Cocioinpa?

 Yo fui presidente del Consejo de Administración, presidente del Comité de Educación, estuve en el Comité de Desarrollo Cooperativo, en lo único que no estuve fue en la Junta de Vigilancia. A mi me relegían en las asambleas y yo gustoso aceptaba los nombramientos en los cargos a que me postulaban. Yo estuve en  Cocicoinpa hasta que se disolvió.

 

 

Otro aspecto de su vida que quisiéramos conocer es el de su gusto por la lectura y por la música.

Los gustos por la historia, la lectura y la música clásica se los debo a mi hermano Desiderio pues él fue muy inquieto en la parte intelectual y eso influyó mucho en mí; recuerdo que muchas de nuestras charlas giraban alrededor de estas cosas y yo me fui contagiando de esto. Mi gusto por la música popular empezó un poquito tarde, yo era un zanahorio, no iba a fiestas, no me tomaba un trago, nada, solamente entregado a mi hogar, a los hijos y a la mujer. La primera incursión a la música popular recuerdo mucho que fue con  Henry Varela (q.e.p.d.), quien era un verdadero maestro para tocar el acordeón, él era novio de una de mis hijas y tenia montado en su instrumento bastante repertorio de música de antaño,  él venia a tocar aquí y eso me encantó demasiado. Aquí venia Henry con su acordeón a cantar y mis hijas que les gustaba el canto lo hacían con él e incluso salían a dar serenatas, ese grupito atrajo muchachos  que por ese entonces hacían parte del Club Juvenil como León Pablo Wallens, Alejandro Rengifo, Conrado Valencia y otros, por eso digo que mi gusto por la música popular se lo debo a Henry Varela y su acordeón. Luego aparece León Pablo Wallens quien venia aquí a mi casa con casetes y nos poníamos a escuchar toda clase de música colombiana, boleros, tangos, ranchera etc. pero ya acompañado de aguardiente aunque yo al principio era muy malo para tomar hasta que me volví aguardientero pero con medida.

 

De esas amistades y gusto por la música va surgiendo un proceso que se ha mantenido a lo largo del tiempo, nos gustaría que nos recuerde de eso.

 

A raíz de ese gusto común que teníamos con León Pablo por la música, fuimos invitando personas amigas que tuvieran la misma afición e íbamos conformando un grupito amante de la música antañona, así fueron llegando Hermes Valderrama, los hermanos Carlos Augusto, Vicente y Marco Antonio Chaparro (q.e.p.d.), Ricaurte Giraldo (q.e.p.d.), Jorge Valderrama(q.e.p.d.), Oscar Vallejo (“tachuela”), quien nos encarretó mucho porque él había manejado negocios de cantina y conocía bastante de música, nos daba cátedra; y así se fueron uniendo mas amigos con los que pasamos momentos verdaderamente inolvidables escuchando buena música al calor de unos tragos y en total camaradería. Este grupo tuvo como nombre “La sesión de Antaño” y se llamó así  porque sesión es reunión y antaño por aquello de que se escuchaba solamente música vieja, nada moderno; el grupo creció y llegamos a tener 15 integrantes. Con el tiempo, ya por la edad o por otras causas solo quedamos 6 hasta que se disolvió por “sustracción de materia”. Al principio las reuniones eran aquí en mi casa y empezábamos a las 8 o 9 de la noche, en ese tiempo vivía mi esposa Luquina que era muy entusiasta con esto y hacía parte de las reuniones; eso era tomándose los traguitos y escuchando buena música, una verdadera sesión de camaradería y amistad al calor de unos tragos y buena música. En un principio lo hacíamos siempre aquí y muy seguido, luego lo programábamos cada mes pero ya rotando la reunión en las diferentes casas de cada uno. Con el correr de los años ya las reuniones no se hacían de noche sino en las tardes por aquello de que por lógica la gran mayoría ya entrábamos en años. El grupo de La Sesión de Antaño duró dese 1972 hasta el 2010 como grupo consolidado, coincidencialmente y como grato recuerdo para mí, la primera y la última reunión tuvieron lugar aquí en mi casa.

 

Don Eduardo, este espacio donde estamos en su casa en el que usted tiene sus libros y su música ha sido muy importante en su vida y en la de su familia, se llamó inicialmente “La gruta simbólica”,  ¿por qué se llamó inicialmente así y luego pasó a llamarse “El rincón de Antaño”?, cuéntenos de este lugar.

 

El nombre de “La gruta simbólica” lo tomé inicialmente de un grupo que existió en Bogotá de intelectuales y poetas, me gustó y así lo llamé; mas adelante cuando compré este equipo de sonido invitamos unos amigos a inaugurarlo, quienes fueron precisamente los iniciadores del grupo y ahí es cuando decidimos aquí en mi casa ponerle “El rincón de Antaño”.

Eduardo Martínez cuarto de  izquierda a derecha, sentados.
Eduardo Martínez cuarto de izquierda a derecha, sentados.

Hablemos de otro ámbito de su vida que es la cultura, nos gustaría que nos comentara eso porque usted fue director de la Casa de la Cultura, no se si seria el primero, porque usted también se impulsó actividades y acciones para la fundación de la Casa de la Cultura

Esto tiene su historia; por allá en el año 1982 cuando se iniciaban las fiestas del retorno, se creo un clima de reuniones y amistades, el pintor Gerardo Caballero tenia un sitio que se llamaba Girasol donde esta hoy Funerales San Bernabé, que eso era una parte del antiguo colegio de las monjas Vicentinas; Gerardo nos invitó a su fuente de soda Girasol, ese día habían varias personas entre ellas Humberto Morales, doña Lesbia Chaparro y otros mas. El hizo una exposición de pintura e invito a unos colegas pintores de Tuluá, eso fue una novedad para Bugalagrande porque era la primera vez que se hacia una exposición de este arte. A raíz de esto nos dijimos unos que estábamos ahí ¿”por qué Bugalagrande no tiene un sitio para realizar una exposición como esta”? Allí precisamente nació la idea de fundar la Casa de la Cultura de Bugalagrande como una entidad de carácter privado no publico; nos reunimos varios por muchas ocasiones, y alcanzamos a hacer diversas actividades como exposiciones, concursos de diversa índole.

Para esa época hubo una competencia deportiva en Roldanillo no recuerdo concretamente de que deporte, y Bugalagrande resulto campeón, los acompañantes entre ellos Héctor Daniel Useche (q.e.p.d) llegaron al pueblo en algarabía y gritaban ¡Bugalagrande necesita coliseo cubierto! Con esa consigna, se hacen las primeras fiestas del Retorno y su respectivo reinado para recolectar fondos con el fin de iniciar  la construcción del coliseo cubierto de Bugalagrande. Con el paso del tiempo se construye el coliseo cubierto y le propusimos a Héctor Daniel Useche por qué no seguir con las fiestas del Retorno con su producido económico para la construcción de la Casa de la Cultura; así se hace y se empiezan a conseguir unos auxilios, con los primeros dineros que se consiguieron empezamos a levantar los primeros muros, pues pensábamos que la gente al ver el inicio se entusiasmaba para seguir trabajando con mas aliento y así fue; eso se hizo por varios años y después se vinculó la Gobernación y la Administración Municipal para de esa forma ir consolidando lo que hoy es nuestra Casa de la Cultura.

 

En esa actividad cultural en la que usted participa ¿qué es lo que mas recuerda en su accionar aquí en Bugalagrande?

Como nuestra misión era mantener activa la cultura, empezamos con pequeños concursos de pintura, literarios, de fotografía, de poesía tratando de crear algo nuevo y motivador para la gente; por eso es que yo digo que para hacer estas actividades no necesita mucha plata, solamente poner ganas y entusiasmo. Nosotros hicimos varios concursos de estos que no tenían mucho costo pero que eran muy motivantes para la comunidad y de buena acogida, recuerdo que íbamos a las escuelas y colegios a motivar a los muchachos y ellos aceptaban con gusto nuestra convocatoria. Nosotros siempre tratamos de mantener el ambiente cultural vivo y vigente.

 

En esa época por Bugalagrande pasaron parte de los mejores grupos de teatro de Colombia

Aquí tuvimos el TPB ( Teatro Popular de Bogotá), tuvimos la Papaya Parti’a, tuvimos el TEC (Teatro Experimental de Cali), un grupo de teatro de Manizales del cual recuerdo mucho presentó una obra con un sabor un poco religioso y político que estaba levantando un poco de escozor entre algunas personas. Entre los grupos musicales que trajimos estuvo el grupo Bandola de Sevilla y varios mas reconocidos.

 

 

Don Eduardo, usted transita por el sindicalismo, el cooperativismo por la cultura, y en ese ámbito también hay un aspecto que sería bueno que nos comentara y es el Eduardo Martínez como escritor, cuéntenos de esta actividad.

Antes de escritor, yo estuve vinculado a la parroquia, yo fui tesorero del Consejo Parroquial con el Párroco Luis Norberto Gil; en esa época hicimos muchas actividades para la Parroquia entre ellas la reconstrucción del nuevo atrio que es el que está hasta hoy día; se cambio todo el cielo raso del templo que estaba en muy malas condiciones, se cambió el piso de la segunda planta de la Casa Cural que era de madera y quedó en concreto, se pintó toda la Iglesia, en fin, hicimos muchas cosas en la Parroquia. Todos esos trabajos se hicieron con la colaboración voluntaria de la feligresía y a mi como tesorero me correspondía manejar esos dineros, o sea que también puse mi granito de arena con la Parroquia de Bugalagrande con mucho gusto.

Yo, como “aprendiz de escritor” eso me nació por mi misma formación cultural, yo siempre he dicho que la cultura es el lenitivo del espíritu, es mas, yo sostengo que una persona que tiene un nivel cultural y ante todo afición  por la música, esa persona nunca será un criminal ni será un maleante, yo creo que esa sensibilidad que crean estas actividades hacen del ser humano otra persona, eso es indiscutible, por ahí me voy yo, por esa ramita me pegué.

 En la fabrica habían abierto un concurso para la persona que tuviera mas números de la revista TAMBO, una antigua publicación  a nivel interno de la Nestlé, yo ya estaba pensionado de la empresa pero me permitieron participar, me inscribí y resulté ser el ganador pues fui el que mas revistas coleccionadas tenia; se hizo una reunión en la fabrica con los participantes y me dieron como premio una colección de libros y unos pesos; por esa época se avecinaba la conmemoración de los cincuenta años de Nestlé en Colombia y el Gerente de esa época señor Juan Guillermo Guerra en dicha reunión me dijo que por qué no escribía algo sobre los cincuenta años de la Nestlé en Colombia, “a mi me quedo sonando eso” y antes de finalizar la reunión le dije al señor Guerra que yo me le “medía a eso”, recuerdo que el señor Guerra me dijo: “hágale don Eduardo”. Con esto, me di a la tarea de escribir “Los Cincuenta Años de Nestlé en Bugalagrande”; allí me di cuenta lo que es ser escritor, era trabajo hasta las doce o una de la mañana, escribiendo, rompiendo papales, corrigiendo, borrando, volviendo a escribir.

A veces la gente demerita algunos escritos, yo les diría que intenten escribir por lo menos una cuartilla a ver si son capaces para que vean lo que es escribir un artículo o un libro.

 

Posterior al libro de la Nestlé usted va a producir un libro de sus recuerdos que es como su historia familiar; coméntenos de esto.

Bueno, una vez en una reunión familiar conversando aquí con mi esposa y mis hijos, mi hija Emperatriz me dijo: “papa, ¿usted por qué no escribe esas historias que nos ha contado?”, yo le contesté “bueno, les voy a dejar estos recuerdos escritos”. Es así como me pongo a escribir y de allí sale “El Baúl de los Recuerdos” que es una publicación que solamente se repartió entre mi familia.

 

¿Que otro tipo de escritos ha hecho usted que no necesariamente hayan sido publicados?

No, estos dos libros son los que he escrito y han sido publicados. Sin embargo, una vez me dio por escribir una historia que me conto mi abuela sobre “La Guaca del Diamante” que es un relato sobre como habían llegado unos guaqueros a Huasanó a principios de este siglo mas concretamente en el Alto de los Viejos donde ubicaron un sitio en el que existía una guaca; esos guaqueros se consiguieron un “gastero” que era la persona que ponía el dinero para comprar los alimentos para los guaqueros y los gastos que demandaba este trabajo de buscar la guaca. Ellos se metieron y empezaron las excavaciones hasta que encontraron el tesoro; yo recuerdo que mi abuela me decía que lo encontrado fueron aproximadamente entre seis y ocho arrobas de oro físico, eso es mucho, mucho oro, además no era en polvo sino en figuras, oro elaborado, “¿se imagina usted cuanto podría valer esto?”. Una cosa que llama la atención es que en Huasanó no quedó ni una solo piecita de estas, nunca se supo donde fue a parar esto. Aquí cuento yo lo siguiente: una vez mi tío Felicio fue  a Buga a una consulta medica, mas concretamente con el Doctor Rafael Ospina, después de que terminó la consulta con el médico le preguntó a mi tío:  “¿usted es de Huasano donde encontraron la guaca del diamante?” al contestarle mi tío que sí, el medico le comentó que en una ocasión él iba caminando por la quinta avenida de Nueva York y en una joyería había expuesto un sapo de puro oro con una leyenda que decía: “Extraído de la guaca del Diamante, corregimiento de Huasanó del Municipio de Trujillo en Colombia”. Imagínese usted que parte de este tesoro fue a parar a Nueva York, quien lo va a creer.

 

Don Eduardo, muchas gracias por permitir que los visitantes de la página www.mibugalagrande.net supieran de su vida y ejecutorias.

Gracias a usted Adolfo por esta entrevista y felicitaciones muy grandes a Freddy Castro y Diego De la Cruz por esta gran página que han creado; con todo lo que hacen, aparte de llevar información, están haciendo cultura y eso está muy bien hecho. 

Bugalagrande, Febrero de 2014  

Entrevista: Adolfo Albán Achinte

 

Imágenes: Diego De la Cruz Correa



Comentarios: 10
  • #10

    Diana Vanessa (sábado, 08 marzo 2014 13:11)

    Abuelo, eres el hombre que mas admiro en el mundo, parte de lo que soy y en lo que me convertiré te lo debo a ti y por lo que estaré agradecida toda la vida, ha sido una de las mas grandes bendiciones el tenerte en mi vida y espero seguir compartiendo contigo muchos años mas.

  • #9

    Gladys O. de Martínez (sábado, 08 marzo 2014 12:32)

    Eduardo, recibes mis mas sinceras felicitaciones por este justo homenaje por tu lealtad y compromiso con Bugalagrande, lo mismo que el reconocimiento de todas las virtudes que te acompañan como hombre, padre, abuelo y ciudadano. DIOS te siga bendiciendo.

  • #8

    María Teresa Caldas Martínez (sábado, 08 marzo 2014 10:50)

    El recuerdo más presente de mi tio Eduardo es su tremanda paciencia, su tranquilidad y una bondad que sigue estando allí. Además su hermosa risa franca! Me alegró mucho leerte Tio!

  • #7

    Hector Eduardo Pino Martínez (sábado, 08 marzo 2014 09:55)

    Abuelo, he tenido la gran fortuna de escuchar muchas veces, su historia y sus historias, leerlas hoy en la página de mi B/grande, me llena de orgullo, a muchas personas llegará su sabiduría, su especial forma de comprender y de explicar la vida. Se que hoy tengo un poquito de usted, espero que en el tiempo que tengo por vivir pueda ser una muy buena copia suya y ser testimonio de su ejemplo.
    Hector E.

  • #6

    Blanca Victoria Martínez (sábado, 08 marzo 2014 09:42)

    ES UN BUEN TIPO MI VIEJO, y no es por que sea mi padre, es por su infinita bondad, su sensatez, su justa medida para entender, para vivir en este mundo, para recorrer este camino, que sin su compañía hubiera sido hubiera mucho más díficil trasegar y sobre todo por su dignidad, por su honestidad, por su ejemplo de entenderse y hacer que nos entendamos como fundamentalmente humanos.
    GRACIAS PADRE POR SER COMO ERES.

  • #5

    cèsar armìn Bolaños Vèlez (viernes, 07 marzo 2014 11:18)

    Desde que conozco a don Eduardo, siempre he admirado en el, su don de gente, su capacidad para sacar adelante lo que se ha propuesto, su calidez humana y sobre todo su amor por su familia. A don Eduardo le agradezco muchas cosas que me ha dado y me ha enseñado. Creo que en mi pueblo ya son pocas las personas que aun viven con estas cualidades.

  • #4

    Rosa María Niño Gutiérrez (martes, 04 marzo 2014 20:17)

    “Los ojos en que te miras, son ojos porque te ven… Antonio Machado”
    Son muchas las facetas de la vida de Don Eduardo Martínez que logra recoger esta entrevista, una maravillosa conversación por lo cual felicito a Adolfo Albán, quien escucha con algo más de atención y rigor la humanidad de Don Eduardo y construye con justicia el tejido de su historia tan vital, tan honda, es por ello que cabe aquí el poema de Antonio Machado… La conversación con Don Eduardo como siempre, fecunda, sus relatos nos conmueven porque son auténticos, cargados de una conciencia infinita de cada detalle de la vida como si fuera siempre única, memorable… su cultura, su sabiduría, su memoria, su lenguaje, su sensatez y su dulzura, demuestran que es un hombre honorable y esencial para su familia, sus compañeros, vecinos y amigos.


  • #3

    VLADIMIR SANINOVIC (martes, 04 marzo 2014 17:53)

    Los felicito por haber escogido a Eduardo Martínez como uno de los personajes mas importantes de la historia de Bugalagrande. Eduardo es, sin duda,un hombre íntegro, culto y sencillo, lleno de virtudes, y maestro e historiador de primera categoría.Bugalagrande tuvo la suerte de haber recibido a Eduardo, (originario de Huasanó),quien vino desde la otra banda a enseñarnos a vivir.Un afectuoso abrazo para él y para su familia. Vladidmir

  • #2

    socorro zorrilla. (lunes, 03 marzo 2014 22:22)

    EDUARDO MARTINEZ.
    Puedo decir de el que es el caballero sin armadura,solo en el hay esencia pura.Es el amigo incondiconal con el que contare siempre, para mi siempre sera un privilegio haberle conocido,por que siempre me demostro su afecto,y el gran amor por mis hijas. y creo que esta es la oportunidad para decirle.Don EDUARDO mil gracias DIOS le bendiga.

  • #1

    Carlos O. Lozano (lunes, 03 marzo 2014 19:56)

    Nunca habia disfrutado tanto leer la vida y honra de don Eduardo, ya saben, tuve la oportunidad de trabajar con Él en la misma oficina y mas de una vez me saco de apuros, seguro que cuando lea esto le haré dibujar en su cara una sonrisa, con eso es suficiente para mi, pues se, que esta es sincera, llena de amor y sabiduria; muchas veces le he agradecido por su amistad pero aprovecho para decirle que siempre me he sentido orgulloso de su amistad y de la oportunidad que me dió la vida al conocerle a Él, a su esposa y a sus hijos. Un abrazo. Carlos O. Lozano