FRAGMENTOS

POR RUBEN DARIO ESPINOSA




Recuerdo como si fuera ayer que en el escarpado andén que bordeaba nuestra cuadra, y frente a su casa que mantenía una presentación impecable en su fachada exterior debido al tradicional baño  de pintura en vísperas de la navidad, escuchábamos música emanada de un pequeño radio que se convertía en su fiel compañero. Junto al radio y en sus épocas de juventud solía compartir largas horas siendo la esquina del viejo chatarrero Cañarte, uno de los lugares preferidos bajo la sombra y el fresco que un árbol brindaba.............

 

 

 

Era la época fuerte de Radio el Sol, emisora que originaba su señal desde Cali con lo tradicional de la música afro-caribeña y nuevos ritmos que emergían. Todos los días después de las cinco la tarde y sentando sobre el andén de la casa del inolvidable y visionario Emilio Marmolejo, fundador del cooperativismo en Bugalagrande, un locutor llamado Alfredo Palacios Rivera daba inicio a su popular y escuchado programa llamado “El espectacular de la Salsa” con su ya clásica presentación y  gruesa voz de locutor decía: “ señores y señoras sean bienvenidos al espectacular de la salsa, con ustedes Alfredo Palacios Rivera”, teniendo de fondo el tema musical llamado Tihuanaco. En esa emisora escuché por vez primera la canción “Y el Negro ahí”, que se me quedo grabada de por vida.

 

 

 

– “Chulito”, me dijo Roberto:”Póngale cuidado a ese tema”.

 

Que trabajo me costó

Convencer a esa mulata

Por más que la enamoraba

Siempre me decía que no

Pero yo no desmayaba y luchaba por su amor, Ay Dios .....

(coro)

y el negro ahí .... y el negro ahí

 

Como gozaba el viejo Roberto con este tema, me parece estarlo viendo bailarlo con Marta Martínez la hija mayor de la Querida Ana Julia a la cual le echaba mano por encima del hombro y movía sus caderas con gran elegancia y suaves movimientos de gran bailarín. Los 31 de diciembre, después de la sagrada estadía en la casa esperando las doce de la noche en compañía de su familia era casi obligatorio terminar rematando en la tradicional verbena de “calle caliente” junto a sus hermanas y amigos de la cuadra. Una vez nos dieron las 11 de la mañana del primero de Enero y todavía el negro tiraba paso sin olvidar nunca la preocupación que siempre acompañaba a su madre “Doña Tula”…… 

Pintar la casa era casi un ritual obligatorio que se cumplía todos los años, del cual participábamos de manera pasiva mientras observábamos por unos días muy pulidamente ver a Roberto pelar, lijar y pintar la fachada de su casa. Oficio este que hacía con gran agrado y altamente le llenaba al ejecutarlo tratándose del espacio que compartía con su familia. En una época sus cualidades de líder afloraron con gran entusiasmo promoviendo junto a los vecinos la presentación alegórica y viva de la cuadra para el fin el año. Se programaba la instalación de festones o guirnaldas que cubrían de lado a lado desde la esquina de las antiguas bodegas de Bavaria hasta el simbólico “aeropuerto” de Cañarte. Se pintaban los postes de la energía terminando la jornada con un tradicional juego de sapo con sancocho de gallina y cerveza a bordo como antesala para terminar la jornada..............   

Siendo yo un niño preadolescente, recuerdo también verle jugar bolas bajo la sombra de que aquel vetusto samán que se esparcía como una gran sombrilla sobre la  orilla del rio. Allí junto a él toda una generación que nos antecedió disfrutaba sanamente el placer del cuadrado o los 5 hoyos sobre la húmeda tierra ribereña. Con su estilo clásico y tradicional de lanzar la bola respetando los cánones de los veteranos y tradicionales jugadores que no permitían levantar la bola a dos manos, solo reposarla sobre una mano con la palma sobre la tierra impulsándola fuertemente  con el dedo índice haciendo presión con el pulgar que catapultaba la bola imprimiéndole una gran velocidad y un tiro certero, estilo este que era característico de los buenos jugadores de la época: Chano, Gancho, Niño, y su hermano Aldemar  entre otros y muy respetados por todos  ...........   

Que bueno era Roberto para meter la caña, o intimidar sicológicamente a sus adversarios en sentido opuesto a su nobleza y lo hacía como parte del juego imprimiéndole  un toque de humor a su participación. Metía susto, cañaba, ganaba de coba y después se reía, disfrutaba como un niño esta singular manera de intimidar al contrario. Yo, en muchas ocasiones fui presa ingenua de esta sana y lúdica manera de compartir momentos que siempre terminaban en un solo joderle la vida a uno con aprecio. Jugando basquetbol era un maestro en el arte de la coba  junto a otro que quizás hoy comparte  las mismas esferas en el más allá: Jader Ponce, que buena pareja de postes hacían  no solo en la práctica de este deporte sino en los tradicionales Viernes Santo, cuando vestidos de blanco haciendo pareja emergían como cargueros del Santo Sepulcro. Ahí no se cañaba, se cargaba hasta el final la bendita devoción soportando el peso y  en  cada paso depurando el alma y renovando la conciencia. Fugazmente recuerdo la alineación de un viernes santo: Roberto, Jader, Adolfo, Sony, Rodrigo y otros.  DT. El negro Joaquín...............

 

Roberto tuvo una gran compañera revestida de hierro macizo color verde oscuro que le transportaba por los lugares del pueblo. En ella desde muy joven conoció desde el Pailón hasta los Manguitos, pasando por El Guayabo, San Antonio, Mestizal y demás veredas de nuestro pueblo; pero sin lugar a duda si hubo algún lugar de sus preferencias fue Mestizal. Ese hombre era feliz allá, no conozco mucho de este aparte de su vida pero en varias ocasiones fui transportado en la barra de su bicicleta hasta tan agradable lugar. Desde su bicicleta que difícilmente era prestada a alguien, las cosas se veían algo diferentes como quien sube a una terraza y mira hacia abajo, era de marco grande y figura estilizada a mejor estilo europeo hecha casi a la medida de su propietario que fielmente le mantenía en perfectas condiciones. Creo que había sido un regalo de su padre el viejo Mario............

 

 El arte de fabricar las cometas lo aprendí desde muy niño de la mano de dos personas: Eugenio Morcillo (q.e.p.d.) quien me enseñó los primeros cortes y la básica cometa de cuatro varillas, y Roberto Hormaza a quien califiqué anteriormente como el mejor constructor de cometas que hubiese conocido, especialista en la cometa de 12 varillas la cual construía de manera lenta, fina y pulida refinando hasta el mínimo detalle que terminaba siempre en una hermosa, prolongada y tupida cola. Creo que su preferida era una llamada “la espiga” que contenía finas y delgadas estrellas que partían del centro y despuntaban en cada borde formando una bella figura. Posteriormente el marco era delicadamente forrado con papel cometa de colores muy bien contrastados. En las tardes de aquellos soleados  Agostos cuando el viento escaseaba en la planicie, el mejor escenario para deleitarse con el bello espectáculo de “la espiga” en el aire, era la loma de La Planta frente a las instalaciones de la antigua INPA. Desde muy temprano subíamos  hasta la parte de arriba acompañados con los muchachos del barrio y  disfrutábamos de tan soberbio espectáculo, teniendo de  fondo las bellas llanuras del Valle del Cauca con sus cultivos, regíos y sembrados. Cuando el sol empezaba a caer como preámbulo del atardecer y el viento no era prenda de garantía para el vuelo sostenido de las cometas, iniciábamos el camino de retorno muchas veces con las cometas en el aire recortándoles el hilo hasta tenerlas bajo nuestro control muy cerca de la canal. Una vez que llegó a mis manos una revista en la cual se mencionaba sobre las cometas chinas con algunas ilustraciones para su construcción; de manera callada y misteriosa inicié la construcción de uno de estos prototipos queriendo descrestar a muchos cuando este raro diseño se levantara sobre el aire Bugalagrandeño; el clásico error del alumno novato que cree saber mucho sobre el tema y prefiere no consultarle a nadie por cuestiones de orgullo; era una especie de armazón grande con muchas varillas que difícilmente pude sacar por la puerta de la casa con la incertidumbre de conocer si se sostendría. Al sacarlo de la casa que daba casi de frente con la de Roberto, lo primero que él  exclamo con su tono alegre y medio burlón fue: - “¿Que es ese Armario?”. Si, efectivamente se parecía más a un armario que a una cometa; el hecho fue que al primer carrerón se levantó casi de manera vertical pero llegando a su máxima altura posible igualmente se vino de pique desintegrándose al impactar sobre el antiguo mangón de la fabrica. Tenía un problema en los tirantes que a los mejor de haberlo consultado, dicho experimento no hubiese sido tan frustrante después de tanto tiempo y ganas invertidos. Cuando el grupo ecológico de Bugalagrande organizaba los concursos de cometas, había una categoría que quizás tenia dueño propio y se trataba de Roberto al construir la cometa más pequeña que volara. Esto era todo un espectáculo  ver sostenerse en el aire a una miniatura de casi el tamaño de una moneda de 500 pesos...................

 

Los Hormaza han sido una familia muy numerosa, crecida en el afecto y la unión, Roberto era el menor de 3  varones y 3 hermanas hembras. Pero siempre se le dejó sentir su cercanía y aprecio por su hermano – primo Sony a quien cariñosamente le decía “Pichón”. Ellos dos hacían una pareja muy especial y en ocasiones los consejos y cuidaos de Roberto para con él, se asemejaban a los nacidos de una relación padre- hijo. Roberto tranquilo, humilde, pacifista por naturaleza emergía como un domador ante el acelerado y agresivo ímpetu del “Pichón” que le gustaba comprar peleas aplicando el adagio del que pega primero pega dos veces. En muchas ocasiones me tocó ser testigo de las intervenciones de Roberto siempre buscando evitar un desenlace lamentable. Ellos dos eran como hermanos y por lo general cuando armaban un programa juntos, un solo silbido del “pichón” desde la calle era la más clara señal que indicaba la hora de irse. “Pichón” estuvo al borde de la muerte a causa de una enfermedad que en muchas ocasiones le hizo sentir que se iba. Pero paradójicamente el primero que partió fue su amigo del alma quien siempre  le dio ánimo invitándole a no desfallecer y seguir luchando en esos momentos difíciles cuando se siente que la muerte le está ganando la partida a la vida.................

 

 Roberto fue un hombre hacedor de amistades, como nos pasa a todos en la vida, unas prosperaron y otras se quedaron a la mitad del camino, pero solo él y Dios saben a quienes honrar con tal prestigioso calificativo. Pecaré de atrevido e injusto  al tratar de citar algunas personas que no siendo de familiares fueron muy cercanos a él. Atrevido porque no soy la persona más indicada para jerarquizar relaciones e injusto porque podría dejar por fuera mucha gente que a lo mejor yo nunca las conocí junto a el  pero a lo mejor fueron mucho más cércanos que otros.  Que Dios me perdone: Sony Tamayo, Pedro Nel Zorrilla, Adolfo Albán, Margarita Eugenia Escobar, Luis Eduardo Martínez, Sandra García, Diego De La Cruz, Orlando Otero,  Jairo Caicedo, Harold Tamayo, Ofelia Escobar, Carlos Santana, Rodrigo Moreno, Diego Zorrilla y muchos más que no recuerdo. En la paz del Señor y junto a él: James Llanos, Héctor Fabio Martínez, Jader Ponce.

 Finalmente, a los vivos mi invitación para que me ayuden construir este tributo con sus vivencias, anécdotas, recuerdos y demás; a los que descansan en la paz del Señor, que nos iluminen y nos permitan alimentar la gratitud y el bello recuerdo de nuestros seres queridos.

 

 Rubén Darío Espinosa M.